Pero, ¿sabías que emigrar te convierte en un adolescente de nuevo?

Aspectos psicológicos e implicaciones de la migración vistos a través de los ojos de quienes deciden trasladarse al extranjero. Reflexiones de Chiara Biagini, un psicólogo de Roma que emigró para trabajar en un jardín de infancia en Alemania como educador

Irse es un poco como morir

de lo que amamos

porque dejamos un poco de nosotros mismos

en cada lugar y en cada momento.

Es un dolor sutil y definitivo

como el último verso de un poema...

Irse es un poco como morir

en comparación con lo que uno ama.

Uno se va como por diversión

antes del viaje extremo

y en cada despedida sembramos

un poco de nuestra alma.

Edmond Haracourt

 

 

Irse es un poco como morir" dice este poema de Haracourt, y en mi opinión, sin ser melodramático, es un poco así. Cuando uno decide emigrar, es un poco como dejar atrás su vida pasada, cerrarla en favor de una nueva vida, que espera ser descubierta. La salida se convierte en un punto de inflexión, de modo que a partir de este momento, todo acontecimiento se situará en un antes y un después en relación con este acontecimiento. Es como si volviéramos como vírgenes, una especie de tabula rasa por la que lo que se hizo antes de la partida ha terminado, ha dejado una huella, una enseñanza, y ahora estamos de nuevo preparados para cuestionarnos, para aprender cosas nuevas y para afrontar nuevos retos y nuevas aventuras. Es un poco como volver a ser un niño, o quizás un adolescente, aunque ahora seamos adultos, tenemos que aprender a vivir una nueva vida, a reconstruirnos desde cero.

Reise
Performance Art
Set Bleistifte

Una vez allí, pues, me sentí como un pez fuera del agua que tenía que aprender y enfrentarse a muchas cosas desconocidas: una cultura diferente a la mía, un clima diferente al italiano, una mentalidad diferente a la mediterránea a la que estamos acostumbrados, un enfoque del trabajo mucho más preciso, sectorial y regulado, una comida diferente a la italiana hecha de sabores más picantes y desconocidos para mí, una arquitectura de las ciudades completamente diferente a la nuestra (¿sabías que en Alemania no usan rejas en las ventanas? ), un estilo de vida mucho más atento al medio ambiente y a sus vecinos, donde si sale un rayo de sol, aunque haya 5°C, la gente sale a comer al jardín y a hacer barbacoas como si hubiera 30°C, y si no llueve, aunque esté nevando, ¡se pasea en bicicleta!

Entonces, ¿qué ocurre en la mente de los que emigran? Por un lado, como ya se ha dicho, volvemos a ser niños, volvemos a la escuela para aprender un nuevo idioma, nos enfrentamos a todo como si fuera la primera vez y de hecho lo es, ¡es la primera vez en un país que no es el nuestro! Por supuesto, ya hemos ido mil veces a la oficina de correos en Italia para enviar algo o recoger un paquete, pero cuando llega el primer paquete de casa, quizá lleno de pasta y otros productos típicos de nuestra tierra, por primera vez tenemos que tratar con el personal de la oficina de correos del nuevo país en el que estamos y descubrir cómo funciona la oficina de correos en la tierra que nos acoge. Volvemos a ser niños porque echamos de menos a papá y mamá tanto como cuando nos dejaron en la guardería o con la canguro, porque nos damos cuenta de que nos fijamos en las cosas más pequeñas e insignificantes del nuevo lugar en el que estamos porque los vemos por primera vez, ¡o simplemente porque las vemos con otros ojos, nos emocionamos ante la nieve, a veces nos enfadamos ante la nieve porque quizás venimos de una ciudad del sur de Italia donde todo está bloqueado por la nieve, dándonos cuenta en cambio, que si estamos bien equipados, en el norte de Europa se puede hacer de todo aunque haya nieve! Y mientras todo esto sucede, sin darnos cuenta, poco a poco vamos aprendiendo y acostumbrándonos a nuevos hábitos, y esta será la clave de nuestra buena o mala adaptación en el país de acogida. Oh sí, nuestra capacidad de adaptación....

El ser humano, afortunadamente, por la necesidad de evolucionar, tiene una gran capacidad de adaptación, más de lo que creemos. Lo único que tienes que hacer es comprometerte a salir de la cama durante todo un mes con el pie con el que no estás acostumbrado a salir de la cama hoy, y después de un mes en el que te esfuerces en usar el otro, te levantarás de la cama mágicamente y de forma independiente sin tener que pensar más en ello, y después de 30 días con el que no usaste hasta el mes anterior. Pruébalo, ¡funciona!

Emigrar, pues, es un reto que nos enseña a reinventarnos, a enfrentarnos a problemas diferentes con soluciones que tal vez nunca se nos habían ocurrido, nos enseña a ampliar nuestros horizontes, a comprender el verdadero valor de las cosas, para poder vivir en un espacio muy reducido con poca ropa en el armario y seguir sintiéndonos bien si estamos satisfechos con nuestra vida. Nos enseña a relacionarnos con nuevas culturas, a conocer a personas de culturas distintas a la nuestra a las que ciertas preguntas, como preguntar cuánto ganan, son inapropiadas.

Un psicólogo de Roma que emigró para trabajar en un jardín de infancia en Alemania como educador

Así que, a pesar de las dificultades iniciales para instalarse, no tires la toalla antes de ponerte a prueba en el terreno, date tiempo para reinventarte en un nuevo lugar, para acostumbrarte a los diferentes hábitos...

 

Antes de que decidas volver a casa porque la experiencia no es para ti. Entonces sólo queda desearle buena suerte.

 

Quizá la experiencia no sea para ti. Sin embargo, has aprendido/te has conocido mejor, sabes lo que necesitas y lo que no, sabes quién eres, has visto muchas cosas desde otra perspectiva, ves tu país con otros ojos, con amor, con orgullo en algunos aspectos, con nostalgia por supuesto,

 

O tal vez la experiencia sea para ti. Te sientes feliz, confiado y con mucha menos incertidumbre, pero sobre todo orgulloso de ti mismo por haberlo conseguido.

Los que ya han hecho esta experiencia, como yo, me entenderán, porque esto es lo que sientes cuando dejas tu país, tu familia, tus amigos. Recuerdo que hace ahora dos años, cuando me fui a Alemania, compré material de papelería para empezar el curso de idiomas como si pasara de secundaria a bachillerato, o quizá de primaria a secundaria, dada la cantidad de muñecos de colores cambiantes que abarrotaban mi nuevo estuche, mis nuevos bolígrafos y lápices, mis nuevos cuadernos.

Mädchen mit einem Fahrrad
Tropfen auf dem Fenster
Designer